7.8.10


Soñaba con él al acostarse, le imaginaba a su lado al abrir los ojos. Iris es una de esas personas tímidas y calladas, de sentimientos tan fuertes como su necesidad de esconderlos, y eso es justamente lo que le ocurre con David.

Le veía todos los días en el bus 53, destino Aguadulce; despeinado y con los auriculares puestos, parecía sacado de un anuncio para adolescentes.

Todo comenzó el día en que él, con su habitual desenfado y verborrea le preguntó la hora y terminaron hablando de los temas más estúpidos. Pero sólo eso, no más, porque como ya he dicho, Iris es demasiado tímida como para aumentar el contacto con él. Ella se imagina en la vida de David como “la Chica del Bus”, ni más, ni menos.

Así que como cada día, Iris se dispone a ir a clases de Inglés y se viste “como si fuera a una pasarela”, que es lo que le suele decir su madre al verla ir a clase con minifalda y recién maquillada. Pero, por favor, comprendámosla, ella solo quiere gustar a David, aunque su método sea discutible.

Ahora está nerviosa esperando el bus en la parada, se balancea sobre los pies hacia delante y detrás, en un gesto de nervios e impaciencia. De vez en cuando mira de reojo a la demás gente que espera en la parada: la mayoría tienen pinta de ir a trabajar y nadie parece bajar de los 30, tienen la amargura y el mal humor tatuados en el rostro. Iris odia eso de los adultos, entiende sus responsabilidades, pero ella piensa que con una sonrisa es más fácil, si el vaso va a tener el mismo agua ¿Por qué no verlo medio lleno?

Ahí se acerca el autobús, Iris se sienta casi al fondo, en una fila cualquiera, juguetea con las correas de la cortinilla mientras las calles van pasando a su alrededor. Ya está en la parada de David, su corazón late a ritmo de samba cuando éste sube al bus y con una sonrisa en el rostro hace un amplio amago de saludo, mientras él se va acercando, Iris se dice que hoy es el día, que será algo más que “la Chica del Bus”, sí, algo más…

Pero entonces David se sienta a su lado y comienza su retahíla de temas sin sentido, de conversaciones largas y risas interminables, cuando se quiere dar cuenta, ha llegado a su parada y apenas tiene tiempo de bajarse corriendo.

Pobre chica, Comprendámosla, es tímida. Tal vez no esté tan mal ser “la Chica del Bus” dice para engañarse a sí misma…


8 comentarios:

So payasa dijo...

A veces hay que conformarse con lo poco o nada que se tiene. Claro que, ser más que "La chica del bus"..sería toda una hazaña para ella!!
BSS Fea :3

chica puerto dijo...

basada en echos reales.

Diamond dijo...

Precioso, como siempre.
Un besazo.

ChicaMonstruo dijo...

Me ha encantado :)
Y eso que encontré tu blog por casualidad, ahora creo que no me será fácil irme!
Y preciosa la música!

Adrián C. dijo...

Bonito texto :) El autoengaño es un elemento bastante importante en la fórmula de la felicidad.

Gracias por tus palabras sobre mi blog ;)

Killa dijo...

Por fin un relato un poquito mas largo!!!! muy bonito, Mar! me diste ganas de sentarme a charlar con esa chica y decirle un monton de cosas, a ver si un dia de anima.. pero como yo tampoco soy de las que se animan, asi que.. todas tenemos un poco de "la chica del bus", no? :/
Buena semana!

Liru dijo...

yo sería la chica del bus nº1 u.u''
me encantó e.e
y la música, también ^^

besuus

·Êl düêndê (¡n)fêl¡z· dijo...

Yo siempre he sido la chica de la segunda fila o la chica de la chaqueta gris... así que supongo que no es cómodo tampoco sentirse como la chica del bus...

Conformarse con lo que uno tiene es muy complicado...Sólo que siempre tenemos la necesidad de intentarlo.

Un beso, y muchas gracias ^^