6.6.10


Miraba de soslayo la ventana cuando la gran cantidad de aves en el cielo llamó su atención, revoloteaban en una perfecta danza en la que cada paso debía estar calculado al milímetro para pasar tan cerca unas de otras sin rozarse. Se acercó aún más, apoyando los codos en el alféizar, la cálida brisa del ocaso le bañaba el rostro, y el reflejo del apagado sol yacía brillante en sus ojos vivos. Aún no contenta con la distancia a la que se había asomado sacó todavía más el cuerpo por la ventana y extendió los brazos entregándose al viento, sentía el frio de la pared pegado en la piel allá donde la camiseta se le había levantado, ignoraba aquel instinto que le aconsejaba no tentar a la caida, no podía dejar de admirar el baile de aquellos numerosos y volátiles seres, cerró los ojos mientras esbozaba una sonrisa, Sentía que si se lanzaba por la ventana, podría incluso danzar con ellos al son del viento, tararear sus melodías y dejarse llevar por la libertad que le ofrecería el aire.

Rechazó aquella estúpida idea, ya no necesitaba unas alas para sentirse libre.

No hay comentarios: